ALCANJURA - REVISITADA

La Aldea El Pumpo en Monterrico es un espacio geográfico netamente tropical. Poblado por intrincados manglares, aves marinas, cuerpos de agua donde pululan cangrejos, peces, camarones que alimentan las atarrayas de los pescadores y, por supuesto, el magnífico océano Pacífico. Pero la riqueza del lugar no se agota en el incitador paisaje. Lo habita una comunidad humana cuyo centro es el mar. Los pescadores viven la dureza de un trabajo que plantea, cada día, el dilema de la muerte. Sus familias colaboran en las faenas asociadas a la pesca: limpiar el producto, venderlo.

En medio del rigor del trópico, las hijas de los pescadores pasan de niñas a mujeres como un soplo de brisa. Pero hay un instante al que quisieran aferrarse: la celebración de sus quince años. En aquellos parajes, ese ritual de paso significa el fin de la infancia y el inicio de graves responsabilidades: convertirse en madres, esposas y asumir su lugar en la pesada cadena de producción que permite la sobrevivencia. El momento provoca en las niñas un sueño inefable: vestirse con un hermoso vestido largo, peinarse para la fiesta, maquillarse. Los padres acuden a las pacas para rescatar vestidos de segunda mano, adaptarlos a los cuerpos núbiles para hacer entrega a sus hijas de ese recuerdo de sí mismas que las acompañará de por vida.

Guillermo Gutiérrez se sumergió de lleno en esa experiencia fundacional en la vida de varias muchachas de la Aldea El Pumpo. Toda celebración de quince años es una puesta en escena. Pero en este caso, el artista provocó que las jóvenes mujeres se acercaran al paisaje que las vio crecer para reelaborar esa puesta en escena sacando a la celebración de lo usual para llevarla al territorio surreal de lo onírico.

Las imágenes de las muchachas con sus vestidos de fiesta en medio de una intrincada red de manglares, o sobre la suavidad de un cayuco o flotando en la mansedumbre de una hamaca colocada en un medio agreste, invoca las historias que se han relatado a lo largo de los tiempos sobre los trópicos americanos y que narran la lucha entre lo humano y una naturaleza tan fastuosa como indómita. Sí, porque del surgimiento de lo humano, con sus fantasías y sus mundos imaginarios, en medio del implacable paisaje, surgen todos los macondos, tan reales y tan mágicos, que nos inundan de nostalgia. Nostalgia por ese breve pasaje de las niñas hacia su destino de mujeres trabajadoras. Nostalgia por los ecosistemas tan rudos y tan frágiles. Nostalgia por la dimensión tan humana de los sueños.

Guillermo Gutiérrez nos sugiere ese relato tan extenso, tan complejo sintetizado en las imágenes de Alcanjura (nombre de un cangrejo tenazudo que habita aquella zona y que forma parte integral de ese relato no narrado), exposición que fue inaugurada con gran éxito en el año 2007.

Por supuesto que el artista no abandonó su interés, ni por los habitantes, ni por los paisajes de la costa. A su primera incursión sucedieron dos exposiciones más: La mesa (2014) dedicada a retratar a los personajes del lugar en torno a una mesa servida para la cena y Penumbra (…) una serie de fotografías difusas, impresionistas, donde tanto el paisaje como las personas se convierten en sensaciones de color y movimiento, muy cercanas a la abstracción.


La nueva propuesta

Catorce años después, Guillermo Gutiérrez retoma las imágenes de Alcanjura para crear una nueva propuesta. Solicita la colaboración del fotógrafo Jorge Chavarría quien ha venido trabajando las antiguas técnicas del daguerrotipo, Van Dyke, cianotipo y orotono, para imprimirlas. El objetivo original de estas técnicas era procurar la perdurabilidad de las fotos. Sin embargo, hacen mucho más que eso. Dana las imágenes altísima resolución, tonalidades y texturas que hacen de cada foto algo realmente único.

En tiempos donde lo digital se ha impuesto a lo análogo, los antiguos procesos se retoman con fines artísticos ya que el delicado trabajo artesanal que conllevan implica una reelaboración que aporta nuevos acentos y provoca una percepción distinta en quien la observa. En palabras de Gutiérrez, las imágenes tratadas mediante este proceso, se convierten en una reinterpretación del trabajo original.


Carol Zardetto
Septiembre 2021